Sergio Barrientos Arellano, México
“La situación de mis huesos está mejorando. Me siento mucho mejor ahora que estoy haciendo algo por mis huesos, no solo el medicamento, sino el ejercicio físico y una mejor alimentación."

“Hace aproximadamente cinco años, cuando tenía 42, comencé a sentir dolor en un brazo. El dolor era tan intenso, que no podía levantar el brazo. Tenía que dormir sentado, porque me dolía mucho cuando me acostaba. Casi no dormía. Soy chofer de colectivo y mecánico; tuve que dejar de trabajar a causa del dolor, y porque estaba tan cansado, que dormía durante el día. Fui a ver a un médico, que me recetó fuertes calmantes. Controló si tenía artritis, pero no encontró nada. Comencé a trabajar nuevamente”.
“Dos años más tarde, comencé a sentir dolor de espalda, y el brazo empezó a molestarme una vez más. Me dolían los huesos: brazos, hombros y cuello. El médico de la obra social pensó que iba a sufrir un paro. Me hicieron un electrocardiograma, pero el corazón estaba bien. Me indicó inyecciones de calmantes, y yo iba una y otra vez a buscar más inyecciones. Los huesos me dolían tanto, que creí que tenía cáncer de huesos”.
“Mi hermana me recomendó a un quiropráctico en Cuernavaca. Comencé a verlo semana por medio; manejaba 40 millas desde mi casa, en Ciudad de México, hasta Cuernavaca, donde permanecía tres días seguidos. Me componía la columna y me daba medicina homeopática; hasta pensé en mudarme a Cuernavaca, pero trabajo en Ciudad de México. Acudí a otro quiropráctico en Ciudad de México, pero no me resultó, por lo tanto, seguí yendo a Cuernavaca durante aproximadamente un año. Mis dos hermanas y uno de mis hermanos tenían el mismo problema”.
“Me sentía muy frustrado y me desesperaba, porque creía que no había solución posible. Justo en ese momento, mi esposa estaba escuchando un programa de radio, donde hablaban sobre la osteoporosis y daban un número de teléfono. Llamó al COMOP, nuestro Comité Mexicano para la Prevención de la Osteoporosis, para solicitar información y llevó a su madre a hacerse una DXA. Cuando se dio cuenta de que era un estudio de los huesos, me dijo, “¿Por qué no vas? No tienes nada que perder, hasta puedes mejorar”. Pensé, “Esa no puede ser la respuesta, la osteoporosis es una enfermedad de mujeres”, pero estaba desesperado. Cuando llegué a la clínica, sólo había mujeres. Me dieron un cuestionario para mujeres: tenía preguntas sobre menstruación, menopausia, etc. Mi mujer, incluso, me hacía bromas sobre el tema. Me hicieron la DXA, que reveló que tenía osteoporosis. El médico me dijo que tenía huesos de una persona de 60 años y que eran tan frágiles, que podían quebrarse en cualquier momento”.
“El tratamiento comenzó de inmediato, pero yo estaba muy asustado. Dejé mi trabajo de mecánico, por temor a que algo pudiera caer sobre mí y me quebrara un hueso. Sólo supervisaba a los mecánicos y a los choferes. Apenas salía, a causa de la depresión. Luego de unos meses, me hicieron análisis clínicos, que revelaron que el tratamiento estaba funcionando. Eso me hizo sentir un poco mejor, pero los huesos aún estaban frágiles. Comencé a hacer ejercicio. Tomaba el medicamento temprano a la mañana, y como no podía comer ni acostarme por un rato, salía a caminar una hora todos los días”.
“Hace unos meses, la última DXA reveló que la situación de mis huesos está mejorando. Me siento mucho mejor ahora que estoy haciendo algo por mis huesos, no solo el medicamento, sino el ejercicio físico y una mejor alimentación. Quienes sufren dolor de huesos deben hacerse estudios en los huesos. Yo no sabía que existían esos estudios. Me considero muy afortunado, porque nunca sufrí una fractura; el dolor me alertó, pero conozco a mucha gente que no se da cuenta de que tiene osteoporosis hasta que se quiebra un hueso. Ahora comprendo por qué la llaman “la epidemia silenciosa”. Debería haber más campañas de concienciación dirigidas a los hombres, como en el caso del cáncer, donde se incentive a los hombres a hacerse estudios. Muchas personas no se hacen estudios, porque creen que no hay cura para esta enfermedad. La DXA es muy importante, y yo soy testigo de que los huesos pueden fortalecerse. Puedo dar prueba de ello”.
| | | Next |
