Roswitha Horn, Austria
"Me gustaría conservar mi calidad de vida actual en la medida de lo posible, para permanecer ágil y activa."
Roswitha Horn nació en 1935, y creció con privaciones durante la Segunda Guerra Mundial y los años de posguerra en Europa.
“La comida sana, las vitaminas –lema de nuestros días– no existían en ese momento. Mi madre, una viuda con dos hijos, tenía las manos llenas, intentando mantener nuestros estómagos llenos. El mejor pedazo de pan que probé en mi vida fue en un refugio contra bombardeos donde, a los siete años, permanecí sentada esperando ser rescatada. Como vivíamos en la ciudad, nunca teníamos suficiente comida, y no había, prácticamente, lácteos para nosotros, los niños”, recuerda Roswitha.
Si bien no era una niña particularmente robusta, Roswitha tuvo la suerte de no enfermarse, a pesar de la falta de comida. A los 19, se casó, fue madre de tres niños y continuó gozando de buena salud. De joven, Roswitha se aseguró que sus hijos consumieran alimentos sanos, e incluso en la actualidad, es muy conciente de la importancia de una buena alimentación.
En 1994, cuando Roswitha tenía 57 años, se hizo una DXA (un estudio para determinar la densidad ósea) por primera vez. Le diagnosticaron osteoporosis.
“No lo tomé para nada en serio. No tenía dolor, me sentía bien, y asumí que, como llevaba una vida sana, podía, simplemente, ignorar el diagnóstico. No conocía las implicancias de la osteoporosis ni la importancia de tomar medicamentos. En ese momento, la gente no sabía demasiado sobre la enfermedad, y los médicos no estaban tan bien informados como lo están hoy”, señala Roswitha.
Roswitha también explicó que su marido durante 50 años, quien falleció recientemente de un ataque cardíaco repentino, siempre había sido bastante reacio a los medicamentos y nunca había ido al médico. Este punto de vista reforzó la propia renuencia de Roswitha a considerar su diagnóstico. Además, su marido había sido un fumador empedernido y, en consecuencia, Roswitha había sido una fumadora “pasiva” durante cinco décadas.
En 2002, Roswitha se hizo miembro de un grupo de autoayuda que se acababa de fundar, en Klagenfurt, organizado por la iniciativa “Aktion Gesunde Knochen” (Iniciativa Huesos Sanos). En el grupo de autoayuda, aprendió sobre los peligros de la osteoporosis y comenzó a compartir sus experiencias con otros pacientes con osteoporosis. “Esto fortalece el sentido de comunidad”, confirma Roswitha.
“Me gustaría conservar mi calidad de vida actual en la medida de lo posible, para permanecer ágil y activa. El ejercicio es importante para mí, ya sea ciclismo, natación, caminata nórdica o baile. Soy conciente de lo que como, y tomo los medicamentos regularmente”, sostiene.
“Mi generación sufrió la falta de comida, pero ahora tenemos lo opuesto”, dice Roswitha. “Hoy hay demasiado. Demasiadas bebidas y comidas rápidas, perjudiciales para la salud, combinadas con falta de ejercicio”.
Roswitha cree firmemente que, tanto los responsables del cuidado de la salud, como los medios deben concentrarse en crear conciencia entre niños y adolescentes. Y, gracias a su labor con el grupo de autoayuda y la “Aktion Gesunde Knochen”, le pidieron que disertara, en su condición de paciente, en la conferencia de prensa del ‘Staying Power’ de mayo de 2006, en la cual un nuevo informe de la IOF detalló las implicancias globales y los importantes costos personales, sociales y económicos asociados con las mujeres que no continúan el tratamiento contra la osteoporosis.
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